
Lo mismo descuartizan verbalmente a un político de medio pelo que engrandecen la figura del Che Guevara. Y eso, a los centenares de ‘indignados’ que se acercaron al recinto les puso a tono. Punks, heavys, rockeros, sharps... todos bailaron, entre golpes y empujones, a ritmo de ska. El público era de lo más hetereogéneo, sin distinción de edad ni sexo.
Boikot lleva más de veinte años dando caña, tienen repertorio para dar y tomar. Y a poco que se esmeren, cumplen. En Reus se ‘salieron’. Hicieron el concierto del tirón, sin bises ni nada. Sin descanso. Casi dos horas (que no está mal para ser un concierto gratuito). Y entre tanta tribu urbana, mucho puño en alto. Su música, su ideología, envalentonó a los presentes. Muchos ni habían nacido cuando cayó el Muro de Berlín, ni saben quién es Lenin ni qué hizo el Che por Cuba. Pero todos se sabían de carrerilla las letras de las canciones: ‘De espaldas al mundo’, ‘Inés’, ‘Salud y rebeldía’, ‘Kualquier día’...

Los madrileños se guardaron lo mejor para el final. De repente apareció sobre el escenario Tony Urbano, el bajista de Leño, para muchos (entre los que me incluyo), la mejor banda española de rock de todos los tiempos. Se marcó con Boikot el tema 'No se vende el rock & roll' y puso los pelos como escarpias a más de uno. Sólo fue una canción, un instante, pero tengo la sensación de que cumplí un sueño.
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